jueves, 15 de marzo de 2012

ENMANTILLADO, MUERTO Y RESUCITADO


Sucedió el 30 de marzo del 1954......¡El niño nació enmantillado!,  le dijo la partera a Doña Rosa, cuando  le asistía el parto; aquél cuartucho se llenó de alegría ante la noticia, el último de siete hijos, blanquito, casi transparente, pronto iba a ser noticia en su barrio, que como cosas del destino se llamaba "Belén" en Maracay, Venezuela.  Pero la alegría duró poco, al quitarle la mantilla, aquella partera, experta en estas lides,  se dió cuenta que el niño no se movía, ni reaccionaba, el niño estaba muerto.  La partera le da la infausta noticia a la dolorida madre Rosa….. mientras ella,   todavía sintiendo el dolor del parto y la alegría del nacimiento de hijo enmantillado, ahora llora de nuevo.  Sin embargo la partera pensativa,  vuelve a la mesa donde había colocado al niño, oró a Dios (porque era evangélica) y metió entre su boca, la nariz y la boquita del bebé muerto… y le dio de su aleinto varias veces, hasta que lloró. Luego con una sonrisa en sus labios va hacia la llorosa madre y se lo entrega en sus brazos, no sabiendo ella que hacer de nuevo si seguir llorando o reir de felicidad.

La partera, en un gesto de gratitud a Dios, toma las manos del niño y dice: "estas manos tocarán un instrumento", toma sus pies y dice: "estos pies irán al otro lado del mundo" y pone sus dedos sobre la boca del bebé y dice: "esta boca predicará la Palabra de Dios".

Esta historia se la contaba Doña Rosa a su hijo desde que tenía conciencia...... Aquella profecía fue cumplida cuando, a los 15 años comienza a tocar el piano,  a los 17 sus pies pisan tierra japonesa y a los 21, es reconocido como pastor y predicador de una misión bautista en Maracay, Venezuela.

Cuenta su madre que su primer dibujo fue una iglesia, a los 12 quiso ser monaguillo "para estar mas cerca de Dios", le decía a su madre.


Tenía 12 años cuando, consigue un libro viejo, abandonado, en el cuarto de cachivaches de la casa, que lo llamaban "el cuarto de Rafael". El libro estaba detrás de una peinadora sin espejo.  Lo desempolva y ve que le falta la tapa y varias páginas. Comenzaba en el libro de Éxodo. Como le gustaba mucho leer libros de aventura le fascinó parte de la lectura cuando Moisés estaba en el Monte Sinaí, pero al llegar al Capítulo 20, se detuvo donde dice: "no te harás imagen de lo que está en el cielo....".   Su madre pertenecía a legión de María, sus hermanas a las hijas de María y una de ellas era la que daba catecismo en la parroquia.  ¿No te harás imagen de lo que está en el cielo?, se preguntó.  Fue corriendo y le lleva el libro a su querida madre y le pregunta:  ¿Qué libro es este?, y ella le dice la Biblia, es la palabra  de Dios, y el muchacho vuelve a preguntar: ¿por qué nosotros tenemos imagen de la virgen que está en el cielo, si este libro dice que Dios no quiere que hagamos imagen?..... Doña Rosa, no supo responder, pero como eran muy amigos del padre Rafael y el padre Luis de la iglesia "Inmaculada Concepción" de la Barraca; ella le dijo al muchacho que la acompañara para preguntarle al padre. 


Ambos fueron entusiasmados a la casa parroquial a preguntarle al padre Rafael. Sobre el hallazgo.  El muchacho le gustaba ir a la casa parroquial, pues se estaba estrenando como Monaguillo y quería saber todo sobre la misa y la presencia  de Cristo en la Eucaristía, llegó a decirle a la maestra de tercer grado, que cuando sea grande sería sacerdote.


En la oficina parroquial, Doña Rosa le enseña la Biblia al sacerdote y le pregunta: ¿por qué nosotros tenemos imágenes de la virgen y los santos que están en el cielo y la Biblia dice que no debemos hacerlo?.... El padre Rafael, con el ceño fruncido dice: -Los evangélicos te están metiendo cucarachas en la cabeza-.  Para aquél muchacho, la palabra "evangélico" era nueva, nunca la había escuchado y se le quedó grabada en su corazón y curiosidad.


Pasa el tiempo y un domingo venía de acompañar a su madre del mercado libre, trayendo las grandes bolsas de papel marrón con asas de alambre, cuando el bus para frente a una casa que tiene un letrero en madera,  pintado de azul y con letras blancas, para dejar un pasajero.  El letrero decía: "Misión Bautista El Buen Pastor", ambos vieron el letrero pero no dijeron nada.  Al llegar a la casa y descargar las bolsas y guardar todo en su sitio, doña Rosa le dice a una de sus hijas mayores: -Vi una casa en la calle Páez donde dice Misión Bautista, creo que son evangélicos, ¿me quieres acompañar?, la respuesta inmediata fue ¡claro que no!, le preguntó a la hija que le sigue y también le dijo la misma respuesta.  Doña Rosa se va a su cuarto para quitarse el vestido que traía y ponerse el de andar en casa; en eso el muchacho le  dice: -Mamá, a mí no me has preguntado-, y ella le pregunta ¿quieres ir? y le dijo: ¡claro que sí!; tomó su cartera y ambos salieron rumbo a aquella casita. Ya el culto había comenzado, luego de la predicación doña Rosa levanta la mano aceptando a Cristo y aquél muchacho, que aún no entendía nada también la levantó, porque le gustaba mucho que hablaran de Dios. Tres años depués, entendió el mensaje y volvió a ponerse de pié ante el llamamiento que hacía el pastor y fue bautizado a los 16 años.


Continuará.....

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